Sentada en la ventana, mirando el exterior, una mujer de pelo largo y negro pensaba en su vida actual y en la pasada. Con el paso del tiempo, y la madurez personal, ella se daba cuenta del mundo en el que le había tocado vivir.
En un principio, pensaba que era cruel e injusto, pero poco a poco fue viendo que el mundo cambia con la percepción de uno mismo.
Ahora, adulta, al lado de un hombre bueno, se daba cuenta que la visión que tenía él del mundo era envidiablemente buena. Su modo de vivir, hacía que las personas que le rodearan actuaran de la misma forma. Con buena voluntad, positivismo y energía. Ella quería ser como él, y dejar atrás ese negativismo y pesimismo que la acompañó durante tanto tiempo.
Paseaban por la calle, cogidos de la mano, él le contaba una anécdota mundana que había vivido ese día, su forma de afrontarla le pareció envidiable. Ganas de hacer lo mejor, ser buena persona, amable y educado. Ella le miraba, admirada, feliz y enamorada de haber encontrado a alguien así en ese mundo que ella creía cruel e injusto.
Solía pensar, acostada en la cama, mientras su amor dormía, que si existía algún tipo de cielo, donde nuestros familiares pudieran actuar por nosotros, sus abuelos la estaban cuidando poniendo en su camino aquél hombre, que hasta el resto de sus días, le enseñaría a vivir sin miedo, en un mundo cambiante y en donde nadie sabe lo que le espera.
jueves, 29 de diciembre de 2016
miércoles, 21 de diciembre de 2016
Te echo de menos, abuela
Con los pies pesados, cansada de haber dormido poco, pensaba en su vida actual. ¿Era feliz?. Ese día no.
Al levantarse y hablar con su pareja se dio cuenta que esa iba ser la primera Navidad sin su abuela de 91 años, que murió en Marzo. La echaba mucho de menos.
Ese día, se había puesto la bufanda que ella le hizo cuando iba al Instituto. Acariciaba con cariño el anillo que había pedido hacer después de su fallecimiento, para recordarla, y que siempre, siempre, vestía.
Abrió la verja, haciendo demasiado ruido para ser las 9.30 de la mañana, pero como cada día, no podía hacer nada. Abrió la puerta y entró en la tienda, dejando abierto, para que se ventilara un poco con el frío de Diciembre que hacía en el exterior.
Solía escribir, cuando tenía tiempo, para expresar sus sentimientos hacia un mundo mudo y anónimo llamado Internet y pensó que hoy, con la pesadumbre de la falta, sería un día perfecto, para desahogar su pena entre teclas y letras.
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